Jamás he estado en las Pribilof, esas islas del Mar de Bering hacia las que ponían proa en la maravillosa película El Mundo en sus Manos de Raoul Walsh. De momento me he quedado en la Alaska continental. Pero esa frase exclamada al frío viento del océano en el celuloide de 1952 siempre me ha sugerido las aventuras y emociones que, de alguna manera, intento encontrar en mis viajes.

miércoles, 4 de agosto de 2010

POSTALES ALPINAS (III): WEISSMIES (4023 m), STRAHLHORN (4190 m) Y ALLALINHORN (4027 m)


Ascensión glaciar al Weissmies desde el valle de Saas

Desde el valle de Saas, en el Valais suizo, se pueden subir cuatromiles por la derecha o por la izquierda, como ocurre en el vecino valle de Mattertal. A diestra la altiva línea de la Nadelgrat y el Dom de Mischabel con sus satélites. A siniestra sólamente dos cumbres alcanzan esa cota, el Lagginhorn y el hermoso y blanco Weissmies.
Estando aclimatado o con una ascensión rápida puede hacerse cumbre y bajar en la misma jornada ya que también aquí un teleférico acorta el esfuerzo y la integridad moral. Para los puros de corazón que suban a golpe de bota hay un refugio intermedio donde hacer noche y velar armas.

La ruta es eminentemente glaciar, con numerosas grietas que hay que evitar hasta enlazar con el borde nevado que lleva a las rampas finales. Desde la cima las vistas deben de ser apabullantes, con todo el Valais a los pies, el Oberland detrás y el macizo del Montblanc al fondo, pero cuando yo pisé la nieve somital la nieblas y bruma envolvían las cumbres amenzadoramente por lo que apenas pude contemplar el valle de Saas a los pies y las lenguas de los glaciares despeñándose desde las nubes bajas.

Lagginhorn y Weissmies desde el refugio Britannia

Desde el mismo valle de Saas se puede coger (o no) otro teleférico  hacia el lado contrario que nos iza hasta la pista que conduce al refugio Britannia desde donde se pueden planear ataques a varios cuatromiles de la zona: Strahlhorn, Rimpfischhorn y Allalinhorn. El sólido edificio de piedra, además de buena cena y cama a precio suizo, me regaló un dolor de cabeza nocturno que no me dejó pegar ojo.Quizás la ascensión al Weissmies ese mismo día fue demasiado express. La sacrosanta aspirina en el desayuno se encargó afortunadamente de desterrarlo a medida que pasaban las horas.

Al fondo, Strahlhorn y Rimpfischhorn separados por el Adlerpass

Los primeros pasos para bajar al Allalinglestcher fueron a la luz de los frontales. Después se extiende el largo glaciar farcturado por algunas grietas considerables que se va tiñendo de rosa con el creciente amanecer. Las puntas de los crampones apuntan al Adlerpass, collado bien marcado al fondo del cuadro y que parecer tentadormente cercano. Pero es una ilusión, un espejismo provocado por el fino alcohol de la montaña. En realidad está muy lejos, extremadamente, no en vano el Strahlhorn es apodado burlonamente "Stralong". Tras muchos pasos unos detrás de otros encordados se llega al dichoso collado desde donde se abre la línea del horizonte y nos asomamos al otro lado, el lado donde habitan los grandes glaciares que bajan del macizo del Monte Rosa, las ristras de cuatromiles y entre las coronas de nubes, afilado, como en una ensoñación, el Cervino.

El resto de la ascensión consistió en remontar las rampas de nieve con mucho cansancio hasta llegar a la cima rocosa del Strahlhorn donde hay que echar las manos y rascar con las puntas de los crampones en las piedras para llegar al verdadero hito.

Trepando en roca en la cumbre del Strahlhorn

La siguiente parada desde el refugio Britannia era el Allalinhorn, montaña sencilla por su ruta normal pero con una elegante arista, la Hornlaub, que es la que elegimos para subir a su cumbre. Por desgracia, cuando nos levantamos en plena noche el tiempo era horrendo, niebla y lluvia, y optamos por conformarnos con al menos ascender por donde todo el mundo aunque hubiera que hacer uso del Metroalpin, que queda como baldón y oprobio. La ruta es bonita, flanqueando algún serac y llegando a una arista cimera interesante. La cruz de la cima sirvió como punto de picnic aprovechando que las nubes abrieron algo.

(Valle de Saas, verano de 2004)


(c) Copyright del texto y de las fotos: Joaquín Moncó

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